Epitafio de una pianista

«Aquí yace una solitaria mujer, nadie te escuchó, nadie conoció tu pesar pero ahora…  » Epitafio incompleto.

    Anastasia, era una chica callada, distraída, vestía de negro como si estuviese en luto permanente, como quien busca pasar desapercibida; de cabello y ojos negros, con una mirada profunda, pero perdida, tenía piel clara y unas hermosas mejillas rosadas, como si siempre estuviese ruborizada. Escribía por placer, escribía en su diario, en las servilletas y libretas viejas, lo extraño, es que solía escribir epitafios, si, escribía epitafios, sobre su propia muerte.

   Con asombro su madre ojeo unas cuantas  notas y se sorprendió de que, al final de cada una decía: «epitafio incompleto»  ¿Porque piensa tanto en la muerte? Comenzó a cuestionarse la curiosa mujer.

    Mientras, pasaban los días y Anastasia tocaba el piano o escuchaba música clásica en su habitación, intentando desconectarse del mundo, aislándose de todo, simulando que todo estaba bien; su madre, Violeta, continuaba como si nada, con su vida ajetreada, trabajaba a diario y los fines de semana salía con su amiga y comadre Laurie, tomaban cervezas hasta la madrugada, Violeta siempre decía en voz alta «Merezco este descanso» justificando su ausencia y falta de interés por su hija.

    Después de leer las notas de anastasia, Violeta no hizo nada más que comentarle  a Laurie lo que había leído, afirmando que solo eran notas y que no había de que preocuparse, la tranquila mujer solo dijo:

—Anastasia solo tiene 17 años, a esa edad los chicos se creen mártires, víctimas de todo; trabajo muy duro para ella y aun así se queja. Escribe epitafios, Laurie ¿puedes creer? En las notas que leí, decía al final: epitafio incompleto.

    Laurie sin embargo le expresó preocupación a su amiga diciendo que Anastasia tal vez necesitaba de su madre, pero esta no lo asumió así.

—Tal vez la solución al problema seas tú Violeta, más tiempo con ella y menos dinero puntualizó Laurie muy pasada de tragos.

— No la creo capaz de hacer nada, concluyó Violeta.

    Anastasia seguía pensando que su madre se ocuparía de ella, pero nada cambiaba, era la misma desidia, el mismo silencio incómodo entre ambas, la misma ausencia por parte de su madre.

    Esa misma noche Violeta volvió a casa en estado de ebriedad, mientras, Anastasia tocaba el piano. Su madre entró de golpe a la habitación de la joven y le dijo:

—No quiero que sigas escribiendo tonterías, deja de escribir epitafios y estupideces, no busques problemas donde no los hay.

    La joven continuaba tocando sin cambiar el ritmo de su melodía, pero su rostro si cambió, sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas por la ira que sentía al saber que su madre, había revisado sus notas.

— ¿Puedes creer que Laurie dice que soy la solución a tus berrinches? No, no Anastasia, trabajo duro para mantenerte, no quiero más problemas ¿entendido?

      Cerró de golpe la puerta sin siquiera esperar la afirmación de la chica. Al parecer Violeta pensaba que su dinero era lo único que la joven necesitaba.

     Días siguientes Laurie, decidió visitar a Anastasia, pues la última conversación con Violeta la preocupó y su teléfono se había dañado dejándola incomunicada. Al llegar a la casa, toco el timbre pero nadie abrió la puerta, solo se escuchaba música en la casa    « el piano de Anastasia, pensó» decidió entrar porque nadie iba a escuchar su llamado con semejante fondo musical. Exploró la casa pero nadie estaba en la sala o cocina, subió las escaleras con cuidado, la música se detuvo y al dar un paso más, estaba frente a ella la mismísima Anastasia, «Oh me has dado un susto Anastasia, te apareciste como un fantasma» exclamó Laurie.

—Lo lamento, dijo la joven ¿Quieres pasar a mi habitación? estaba ensayando.

—Qué bueno Anastasia, que linda pero triste melodía se escuchaba, ¿cómo se llama?

— Es la marcha fúnebre de Chopin, Laurie y que bueno que te gustó, he estado ensayando durante mucho tiempo.

— ¡Vaya! ¿Acaso para algún evento especial?

Laurie estaba indagando para abordar el tema que la preocupaba.

—Ni lo imaginas…

Ante la breve respuesta de Anastasia, Laurie decidió no esperar más para hablar con la joven de las notas que escribía.

—Anastasia, disculpa mi indiscreción pero ¿piensas mucho en la muerte? Me preocupa que escribas esos epitafios, eres como una hija para mí.

     La chica se sintió nuevamente molesta, miro a Laurie y le dijo:

— ¿qué curioso no crees? pensé que tenía una madre ausente, ahora resulta que tengo otra y las dos al parecer son un tanto curiosas, hasta entrometidas, diría yo.

Laurie apenada por su imprudencia, se disculpó pero Anastasia la interrumpió:

—Bueno, debo decirte que me extraña que no hayas venido antes Laurie.

— ¿Me necesitabas aquí Anastasia?

    La chica la miró con tristeza, varias lágrimas brotaron  de sus ojos y finalmente le dijo a  la preocupada mujer.

— Mi madre murió Laurie y no estuviste presente.

El rostro de Laurie cambió drásticamente, la impresión ante semejante noticia la enmudeció y con lágrimas en su rostro y el pulso acelerado comenzó a preguntar

— ¿Cómo? ¿Por qué? No sabía nada, explícame, ¿qué pasó Anastasia? esto no puede ser verdad.

— Murió Laurie, ella no podía seguir con su vida. Yo quería que estuviésemos juntas, ella era la solución de todos mis problemas, hasta tuve que escribir un epitafio para ella, con mucho dolor, pero paso que…

    Estas palabras fueron interrumpidas por  Laurie, quien horrorizada le dijo a Anastasia

—Mentira, Tú, tú fuiste, tú la mataste, ella no quería morir, tú escribías ese epitafio desde hace tiempo y era para ella, tu planeaste todo ¿cómo pudiste? Asesina grito la mujer, bastante nerviosa y descontrolada.

Laurie temblando y asustada vio como el rostro de Anastasia cambio, la chica la miró como nunca antes, su mirada penetrante estaba llena de locura, tenía lágrimas en sus ojos, pero no expresaba tristeza, sino ira. Esto asustó más aún a la mujer, quien salió corriendo de la casa, corrió y corrió y en su desespero se tropezó con la vecina de Violeta.

— ¡Laurie! ¿Qué te ha pasado que estás fría y temblando? Oh, ya veo, vienes de casa de Violeta. ¿Ya te enteraste de la terrible tragedia?

     Laurie apenas podía hablar y le pregunto a la vecina ¿dónde estaba sepultada Violeta?

—Dime por favor.

—Claro Laurie, te llamamos pero tu teléfono estaba desconectado; en el cementerio del norte Laurie, allí están, pe…

     No la dejo terminar, cuando ya estaba abriendo la puerta del carro.

     Laurie encendió el vehículo y manejo apresurada hacia el cementerio, todo el camino fue devastador para ella, lloraba sin cesar, tenía dificultad para manejar porque sus ojos estaban nublados de tanto llorar, el saber que su amiga había muerto en manos de su hija era algo que no podía creer. Al fin, llegó al lugar y corrió a preguntar dónde estaba la tumba de violeta Hammet, el empleado del camposanto, apenas pudo señalar la tumba cuando ya Laurie estaba corriendo hacia allá.

    Se derrumbó en llanto y horror  no lo podía creer, ni siquiera levantaba la vista. Cuando tuvo un poco de sosiego, leyó el epitafio que Anastasia había escrito para su madre, al leerlo, el horror se apoderó aún más de ella, su cuerpo entero se estremeció. Decía:

«Aquí yace una solitaria mujer, nadie te escuchó, nadie conoció tu pesar, pero ahora  junto a tu madre reposaras en Paz.» Aquí reposan los restos de Anastasia Hammet & Violeta Hammet, juntas hasta el final.

    Laurie recordó que la vecina le dijo «en el cementerio del norte están» y en el momento no lo entendió, ni cuestiono. Ahora todo tenía sentido.

—Después de todo esto es lo que querías Anastasia, acabar con la vida de tu madre y con la tuya; te despediste de mí en tu hogar y tocaste una última canción, la canción de tu propio funeral.

   Laurie comenzó a llorar sin cesar, el impacto del suceso la había conmocionado.

 

Fin-

 

rox black
Escrito por Roxanna Yepez

 

 

 

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3 comentarios en “Epitafio de una pianista

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